cerati onceepisodiossinfonicos

Cerati
Once Episodios Sinfónicos
(BMG) 
2001
[symphonic (pop)]
Prod
: Diego Sáenz
Site: http://www.cerati.com
Tracks @ MySpace: http://www.myspace.com/gustavocerati
Eval: 2/5
Art(e): Urko Suaya/Eloisa Ballivián/Sofía Temperley

Tracks

  1. Canción Animal (5:32)
  2. Bocanada (4:02)
  3. Corazón Delator (6:32)
  4. El Rito (6:52)
  5. A Merced (2:34)
  6. Raíz (4:13)
  7. Sweet Sahumerio (6:40)
  8. Persiana Americana (6:52)
  9. Verbo Carne (3:56)
  10. Un Millón De Años Luz (5:20)
  11. Signos (5:36)

Músicos/Musicians

  • Gustavo Cerati – voz
  • Alejandro Terán - arreglos + dirección

con/with 

  • Primeros violines  - Javier Casallia + Damián Bolotín + Gustavo Mule + Sebastián Prusak + Silvio Murano + Brigitta Danko + Guadalupe Tobarías + Pablo Aznarez
  • Segundos violines – Katja Lartchenko + Ma. Mercedes Molina + José Bagnatti + Natalia Shishmonina +  Oleg Pishermin
  • Violas – Kristina Bara + Elizabeth Ridolfi + Paula Recondo + Jorge Sandrini
  • Violoncellos – Dimitri Rodnoi + Diego Sánchez + Sebastián Parada + Esteban Gismondi
  • Contrabajos – Sergio Rivas + Juan Pablo Navarro + Walter Guerrero
  • Trompas en Fa – Luis Martino + Pablo Nalli + Andrés Bercellini + Salvador Guido
  • Trompetas – Miguel Angel Tallarita + Richard Nant
  • Fabián Silberman – flauta + piccolo
  • María de los Angeles Zanzi – oboe
  • Leo Heras – clarinete + clarón
  • Eduardo Lamas – tuba
  • Daniel Serales – placas
  • Eduardo Nicoleu – percusión
  • Alejandro Kreintzies – timbales
  • Lucrecia Jansa – arpa
  • Sebastián Schachtel – theremin

Reseña/Review
by Jesse Garza

Siempre me ha molestado que Soda Stereo y/o Gustavo Cerati no sean reconocidos debidamente fuera de América Latina, pues están a la altura, y hasta por encima, de muchos de los “artistas” considerados influyentes a nivel internacional. Conocí a Soda Stereo por allá de 1986 u 87 con Nada Personal, y me gustaron; canté y bailé Persiana Americana al igual que muchos adolescentes de mi época en el 88, y Signos me parecía un disco sobresaliente por ser de aquellos en que “todas las canciones estaban buenas”. Pero cuando escuché Doble Vida en 1989 me di cuenta que Soda Stereo era algo más. El primer sencillo de ese disco, Picnic en el 4o B, aunque no me convencía del todo, era suficientemente distinta a lo que habían hecho antes como para despertar mi curiosidad en cuanto a cuál era el “estilo” de Soda (al igual que su cambio de imagen en la portada). La introducción de metales y hasta raperos (¡en inglés!) me hizo no sólo apreciarlos sino comenzar a realmente admirarlos.

Y aunque Canción Animal me parece un disco excelente, su “simplicidad” (guitarra-bajo-batería) no me provocó tanto como los loops de batería y teclado en No Necesito Verte o la electrónica danzable de Colores Santos al año siguiente, propuestas realmente vanguardistas en su tiempo, y por lo mismo no tan bien recibidas. Lo mismo con los samples, loops y sintes de Dynamo, mi disco favorito de Soda. Y de ahí en delante, todas las elecciones y propuestas de Gustavo Cerati me habían parecido acertadas y admirables. Hasta ayer.

Ayer escuché 11 Episodios Sinfónicos, el “nuevo disco de Gustavo Cerati“. Lo esparaba con cierta ilusión, pues hasta ahora sus desvíos musicales no me habían defraudado, y el experimento sinfónico de Verbo Carne en Bocanada me había parecido muy bien logrado. Una de las cosas que más disfrutaba de ver a Soda en vivo era justamente como arreglaban sus canciones clásicas a lo que trajeran de moda. Entonces, un disco de éxitos de Soda y Cerati avalado por el mismísimo Gustavo debía ser sobresaliente.

El arranque del disco es prometedor, impidiendo reconocer que es Canción Animal hasta que Gustavo comienza a cantar, y todo va bien hasta justo antes del primer coro, cuando comenzamos a notar que el mismo Tavo está cantando con un ánimo distinto, comienza a inyectarle “humor”, restándole fuertemente al elemento erótico de la canción original, la lujuria sustituída por ago más bien parecido a picardía. Comenzamos a notar también el exceso de arreglos que alcanzará niveles opulentos a través del resto del disco. Bocanada, la canción siguiente, pasa casi inadvertida.

Con Corazón Delator la esperanza vuelve a surgir; es, a mi gusto (y la de Cerati, de acuerdo a una entrevista que leí), la pieza mejor lograda del disco y la que hace a uno preguntarse “¿por qué quedaron así las demás canciones?”. Es de las pocas en las que el ánimo de la canción original y la letra se sienten cómodas en el entorno orquestral. No puedo decir lo mismo de El Rito, que aunque originalmente es una pieza alegre, aquí empalaga un poco. Curiosamente, la canción siguiente, A Merced, que originalmente es una pieza dulzona, aquí se presenta en versión breve e instrumental, y quizá también por retener el espíritu original, se disfruta. Sobresale en esta pieza el sintetizador, limpio y reminiscente a una voz humana (estilo Goldfrapp), y que sorprende por no escuharse fuera de lugar con los instrumentos tradicionales de la orquesta.

Le sigue Raíz, mi pieza favorita de Bocanda, que no está tan mal, pero… no sé, no termina de convencer, sobre todo el final. O quizá sólo sea que yo esté muy atado a la versión original. Sweet Sahumerio es la última pieza rescatable del disco; el arreglo, e inevitablemente la cítara (que yo nunca antes había escuchado con una sinfónica), le dan un toque oriental, y el resultado es bueno, sobre todo si consideramos que la pieza original tenía un trasfondo electrónico. Insisto: retiene el “mood”, el ánimo original, y los arreglos están pensados alrededor de eso.

A Persiana Americana se le redujo considerablemente el tempo y la energía, en un intento por convertirla en balada, y aunque creo que de esos cambios podría haber surgido algo interesante, aquí no ocurrió. Verbo Carne es casi igual (y casi tan buena) como la versión original, pero Un Millón de Años Luz sufre, como algunas de las piezas anteriores, de excesos de arreglos matinee-escos. El concierto cierra con una versión irregular de Signos, en unas partes bien lograda, particularmente en las que el sinte-vocal mencionado antes le dan un toque etéreo, pero en otras no tanto; otra vez, arreglos innecesarios.

Debo reconocer que la calidad interpretativa de Cerati sigue estando en plena forma y, sin ser conocedor, la orquesta se desempeña más que satisfactoriamente. El problema está en los arreglos. A través del disco es difícil no imaginarse algún pasaje del Cascanueces (o peor, de alguna película de Disney); son en ocasiones tan malos como los que típicamente distinguen a la gran cantidad de discos existentes allá afuera de versiones sinfónicos de grupos insignia (piénsese en Beatles, Pink Floyd, U2). Sin embargo, esos discos son perdonables por ser baratos, ejecutados por orquestas desconocidas, sin involucramiento del grupo original, y para algún propósito específico (que aún no sé cuál es, pero ambientar el buffet en un crucero de jubilados viene a la mente). Aquí lo que no me explico es Gustavo cantando al frente de la orquesta. Tampoco me parece que él sea de los que toman el “manual del rockero establecido” y lee que lo que sigue es editar un álbum de éxitos en versión sinfónica.

Por otro lado, no me parece (o no quiero creer) que haya alcanzado su nivel de comfort y se haya vuelto de los que edita un disco por beneficio económico, aunque, ahora que lo pienso, he visto tantos discos de éxitos y de conciertos de Soda que…

Ciro me contó que la idea e insistencia en hacer este disco fue de alguien más, y que Gustavo aceptó la invitación a cantar en él. Si realmente fue así, y podemos considerar este disco como uno de un director/arreglista y su orquesta con Cerati como cantante invitado, y no como un disco de Cerati, pues entonces cambia un poco la apreciación. Y también mi calificación, que se vería reducida en una estrella.

Revisar también / See also

[extras]

Una de mis favoritas de todos los tiempos. Sweet Sahumerio, del 11 Episodios Sinfónicos.
Ciro

Y una de las que más disfruté: Un Millón De Años Luz
Ciro

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