En busca del modelo para el músico


De discusiones con el Grillo (ese ente que lo sabe todo…)

Estamos siendo testigos de cambios mayores en lo que ahora es la industria de la música y que francamente creo que no dejará de serlo (una industria) pero que sí tendrá que cambiar. Mi yo idealista esperaría algo distinto, más romántico y artístico… (por mí que desaparezca “la industria” y que más cosas queden en manos de los artistas) pero todavía se mueven demasiadas cosas por el dinero… y la música es adictiva y algunos la hemos hecho necesaria. Pocas bandas/artistas han podido mantener (si es que en algún momento la tuvieron) esa aura de honestidad y artista que la juventud idealista maneja… Algunos han tenido que llegar a la edad en donde el dinero ya no es un problema para ser más independientes…  cuando la madurez ha logrado cobrar factura sobre el ímpetu y atrevimiento que tanto gusta de la música… y aunque pueda hacer cosas interesantes, la rabia, la angustia, etc. que alimentan en parte la creatividad ya no existen, ya no puede ser lo mismo, aunque sea bueno.

Pero mejor regreso del camino vecinal al que me desvié: estamos siendo testigos de ese cambio y todavía no alcanzo a ver, porque creo que no se ha definido, cuál va a ser el modelo para el que quiera vivir de la música… de la creación e interpretación de la música, para ser más preciso.

¿Opciones?

El mecenazgo… poco probable que sea a nivel de quienes tienen mucho dinero y que quieran mantener a un artista sólo por el arte… la búsquede de algo a cambio (que suena natural en estos terribles tiempos) llevaría a un esquema muy similar al de los monstruosos consorcios musicales actuales… la codicia y el “dinero atrae dinero” es el punto débil del esquema… a menos claro que la naturaleza del resultado de un proceso creativo musical cambie y nuestra mente cambie… esto lleva a buscar esquemas como los que el Sr. González probó con razonables resultados: la búsqueda de “patrocinadores” quienes invertirían en la realización del producto generado por el artista (y algo más para que éste sobreviva y pueda seguir haciendo música) con la condición de que “el producto” (su música) no sea vendida, sino regalada (como regalo para navidad, como parte de la promoción de alguna empresa, etc.) … quien sabe cuántas veces y que tan frecuente se puede llevar a cabo esto… y es que de nuevo, depende de la naturaleza del “producto”…

¿Preventas de discos por parte de las bandas? Marillion lo ha probado… los fans se apuntaron, el cálculo de las ventas fué suficiente para recibir el apoyo de una disquera… se vendieron los discos… la cosa salió bien, pero eso sucedió hace más de 5 años y la naturaleza del “producto” y su uso pueden haber cambiado.

¿Regalar la música? ¿De qué vive entonces el músico?  No todos los generos actuales (la electrónica, dirá el Grillo) se prestan para que los conciertos sean lo suficientemente viable y se obliga al músico a concentrarse más en las presentaciones que en la música como medio de subsistencia (que podría funcionar de alguna forma… y parte de la tajada iría para las empresas promotoras y el artista deberá ingeniárselas para su promoción y publicidad (bastante cara en estos tiempos)…. pudiese funcionar.

Charly indica que puede haber otras formas, generar lo que pueda comprobarse “que vende” (negocio nuevamente, lo que siempre ha sido desde el siglo pasado): ¿ringtones?, ¿música específica para eventos, películas, etc.? Quizá todo lleve irremediablemente a lo mismo, pero tampoco quiero leerme tan pesimista.

Sin embargo, habrá que pensar en la nueva naturaleza de la música que quizá no esté al 100% definida, pero que sí está cambiando.

En un inicio, el asunto era de socialización… TODOS cantaban o ejecutaban música como parte de la convivencia, no importaba quizá qué tan bien lo hacías…. La música luego fué parte quizá de la diversión de jefes tribales o incluso reyes… y se hacía quizá en espera de pago “por evento” cuando el músico ejecutaba y recibía lo que le querían o podían dar… la música no se desarrolló en occidente como la conocemos quizá hasta la edad media, siendo el inicio quizá por los 1,200 o 1,300 y no se desarrolla hasta los 1,400… habría que investigar el modelo, pero finalmente no existía más que la ejecución presencial. Al desarrollar notaciones, es posible que se asistiese a escuchar melodías aunque quien ejecutase fuese otro músico y no el compositor… el músico y su habilidad o performance podrían hacer diferencia… era la única forma de escuchar (no es lo mismo una orquesta o un par de músicos, que tararean la canción).

Luego se desarrolla el fonógrafo y la música puede ser grabada para ser escuchada una y otra vez exactamente igual que la vez anterior, se puede llegar apreciar más sin ser el ejecutante o sin asisitir a más de un concierto… comienza quizá el concepto de “poseer” música y el producto es el disco, arranca la industria y se divide el trabajo entre quien concibe (escritores), quien ejecuta y quien produce… se descubre tempranamente el concepto de ídolo musical, la personalidad o ejecutante siguen siendo importantes e incluso durante un buen tiempo el cantante es quien prevalece, más que cualquier otro músico.

Aparece el proto-rock, como parte de la cultura y el concepto musical del pop y al inicio los discos a vender eran prácticamente los sencillos… hasta que -para muchos perdiendo la escencia, lo joven y lo espontáneo- algunos músicos tratan de ir más allá y el monstruo que es la industria descubre y alienta a que es mejor (y vende más y más fácil) un álbum que un sencillo… todo es ventas (y quién sabe qué fué primero: si la industria ideó ese artilugio comercial o bien los músicos que andaban tras ideas musicales más ambiciosas lo pidieron.

La cosa es que yo me desarrollé en esa época del álbum… el ritual era el de esperar (con alguna dosis mayor o menor de promoción) el disco, adquirirlo, abrir el celofán con mucho cuidado (el arte formaba parte importante del concepto de álbum) revisar la cubierta, ver si existían letras dentro, leer, sacar el vinil, colocarlo en el tornamesa (para algunos discos era imprescindible ir a buscar una aguja nueva a veces), arrancar el disco y sentarte a escuchar, solo o con los amigos… todo un ritual… nadie osase interrumpirlo so pena de sufrir una andanada de gritos y vituperios y ser expulsado del cuarto, de la sala o de donde estuviese el estéreo.

Me voy a saltar toda la historia (importante) del vídeo y la importancia que desde siempre tuvo la imagen y la publicidad… esto también es vital para entender dónde se está parado… Quizá al rato llene este espacio.

Hoy las cosas pueden o son diferentes, la música es el soundtrack que acompaña casi (y digo CASI) sin ser pecibido el quehacer de todos… está en los ipods, en las laptops, se escucha mientras se trabaja o mientras se hace deporte, se downlodea y no necesariamente todo el álbum… eso se deja a audiosaurios como yo y otros de mi época y de una generación (y quizá hasta dos más adelante)… sólo bajo el track que me guste del iTunes o lo comparto en un P2P con quien sea lo suficientemente amable, a veces ni siquiera importa la calidad (no todos son audiófilos), ni que sea ilegal. ¿Existe todavía el rito de escuchar el álbum completo de tu artista? Existe el botón de skip (no te paras a mover la aguja) y no sólo el fast forward (arcaico en las cassetteras), te aburres rápido y le pasas… ¿Entonces? basta bajar lo que te llame la atención.

Con este panorama las cosas parece que deban replantearse… ¿volveremos a los sencillos? ¿se venden? es posible que si el costo fuese razonable (no necesariamente el dolar de iTunes) mas gente lo compraría legalmente y, como yo, se negaría a pasar un download legal a un tercero, solo porque acepté los términos legales de mi proveedor. Sin embargo, se piensa que la gente por naturaleza preferirá no pagar (tristemente suena razonable en estos tiempos) y distribuir “sin autorización” algo que ha costado esfuerzo y dinero y por lo tanto que espera una paga.

No creo que las ideas y modelos estén maduros, esperaria que no existiera un solo modelo, que varios experimenten. Cada vez la cosa puede llegar a estar más en manos de los músicos y su grupo cercano (incluyendo… agh! publicistas y agentes) y hasta podría depender de géneros, subgéneros, etc. ojalá que no dependa (al menos no solamente) de legislaciones que no se atreven a pensar….

Quizá incluso estamos por ver otro tipo de maquinaria o aparato en apoyo (o en detrimento) del músico… quién sabe…

Le seguiremos reflexionando, observando y tratando de ver por dónde puede haber una ganancia mutua entre el artista y su público. Por lo pronto, estamos al tanto de varios esquemas y todavía no alcanzo a ver uno que sea “el modelo”.

Opinen, quizá tengan una excelente idea escondida en algún lugar de su hemisferio derecho.

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