¿Cuántas veces les ha tocado escuchar que tal o cual género suena igual sea la canción que sea? Mientras escribía la reseña de un buen disco de post rock (Fontana Bella de Austin TV), brausié (browseé o navegué) por el siempre interminable y muchas veces irreferenciable internet encontrando una discusión sobre lo «aburrido» por repetitivo que algunos consideraban el disco, mientras que para nosotros en el programa representa un hito del post rock y con doble mérito siendo producto mexicano, donde este tipo de géneros no son tan bien recibidos como otros.
Bendita tolerancia, pensé y desarrollo la siguiente idea. Finalmente el fenómeno musical es un fenómeno de apreciación, de gustos que bien pueden ser desarrollados o ser parte del medioambiente- Tratar de inferir el origen de tal o cual gusto complicado es (diría Master Yoda). Pero la adquisición de un gusto, el desarrollo del mismo (que no es lo mismo) o bien el lavado de cerebro por cansancio deben desarrollar una sensibilidad particular en cada uno de nosotros.
Difícilmente distinguiría yo una cumbia norteña de otra, puesto que es un género que en lo particular no disfruto y hasta me genera escozor, salpullido e irritación capilar. A mí me suenan a lo mismo. Sin embargo, aquellos que han desarrollado tal gusto son capaces de distinguir una de otra, de emocionarse con el nuevo disco de conocido grupero, de ser fan de la «güerita consentida» expresiones que en el caso de quienes por aquí escribimos (aunque hablo a título personal, creo que se va a compartir la idea) tendemos a invalidar en el peor de los casos o a poner en tela de juicio en su valor musical, de ejecución o de composición en el mejor de los casos. De igual forma algunos aficionados a estas expresiones, indican con igual terror que el mío (expresado arriba) «Es puro ruido», «¿Qué es eso (con cara despectiva)», «Es el mismo charrán charrán» cuando escuchan rock o hasta pop (el que no es prefabricado). Total que para desacreditar o acabar con lo que no es de nuestro agrado somos siempre de lo mejor. Puede ser parte del comportamiento humano o bien del medioambiente en que nos ha tocado vivir.
Hay géneros, como nuestro querido progresivo, en donde se ha convertido en cliché que sus fans acérrimos se distinguen por ese sentido de elitismo que no les permite escuchar pop o salsa so pena de ser excomulgados y enviados a achicharrarse en el infierno por el mundillo prog de su comunidad… lo que siempre obliga a escuchar cosas diferentes en el clóset o bien agenciarse otros géneros indicando que son avant garde o que los conocedores proggers tienden a disfrutar tal o cual género. Afortunadamente nuestro caso, en donde queremos -y mucho- al progresivo, nos permite tener la apertura de acoger más géneros como el pop (no prefabricado), el rock y sus variantes, la electrónica, el blues y jazz que finalmente se alimentan o son raíz algunos de otros y algunas otras excentricidades más como el new age, etc. , dejando fuera géneros como el hip-hop, r&b, grupero, y géneros tropicales.
Es a medida que escuchas (y aprendes a disfrutar) más y más música, más y más géneros, comienzas a hacer las distinciones necesarias que pueden llevarte a la apreciación de tal o cual género, banda, artista, álbum, canción o sonido. Encerrarte en algo te hará invalidar lo que no escuchas y no necesariamente porque no te guste (¿Cuántas veces no has tenido en tus manos un disco que sólo hasta después de varias repasadas comenzaste a disfrutar?) sino porque no lo entiendas (más que en el idioma, hablo del lenguaje musical) o no le hayas dado una oportunidad.
Esto, sin embargo, no puede ser excusa para faltar a la objetividad y reconocer que en el fondo algunos géneros pueden ser repetitivos, están basados en ciertos ritmos algunos, riffs otros, hasta instrumentos y formas de ejecución algunos otros. En mi caso tiendo a no validar, por ejemplo, la copia, tampoco valoro una ejecución deficiente o una desafinada (siempre y cuando no tenga un propósito) o bien una voz no educada (aunque puedo llegar a reconocer el sentimiento y el esfuerzo). El rock por ejemplo, normalmente está basado en un ritmo con tiempo 4×4 y casi prácticamente 3 o 4 acordes (recordé al Grillo con esto), sin embargo, pueden lograrse maravillas con la creatividad, los arreglos y el sentimiento que alguna banda, artista o ejecutor puedan imprimirle a su creación.
Pero finalmente, y llego siempre a lo mismo, lo importante es la sensación de pertenencia, agrado, meditación, bienestar que una expresión musical, género o canción o quizá hasta un sonido aislado provoque… esa es la escencia de la música…. One Little Note… como diría Pete Townshend.
Haz el esfuerzo entonces de probar, de experimentar y evitar ser un esclavo más del consumismo musical que todavía sigue prevaleciendo…

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