Probablemente sea ya muy tarde el hacer un articulo sobre el recuento de música del año pasado, pero creo que no todo empieza o termina cuando pensamos. No se si el año pasado, que en lo personal se puede decir que es el peor de mis años y uno de los mejores, haya terminado ya en el sentido anímico puesto que crónicamente ya está más que extinto.
Pero ya que este blog gira alrededor de la música y no las minucias de la vida cotidiana me enfocaré ya en los sucesos musicales percibidos desde mi punto de vista, bastante personal. Musicalmente el año que acaba de terminar fue marcado por el cambio, al igual que en otros ámbitos (deje la PC por Mac, cambié de trabajo, ingresé al gremio de los casados con hijos) el cambio fue trascendental.
De haberme convertido en la década pasada casi en un escucha de pura música electrónica en todas sus derivadas he regresado a la música de simples guitarras e instrumentos convencionales. Si bien ya se venía perfilando este cambio en mis gustos desde años anteriores, nunca había dejado realmente de escuchar a clásicos como Pink Floyd, Bowie y a mis predilectos de los 80s, el cambio no fue total sino hasta el 2007.
No puedo definir que estilo musical es el que prevalece en estos momentos dentro de mis preferencias pero siguiendo una vena descubierta por mi amigo Vallecillo, Sufjan Stevens, hace más de doce meses y terminando con el descubrimiento de Of Montreal, New Pornographers y destacadamente Andrew Bird, he llegado a situarme en lo que unilateralmente llamaré Digital Pop.
¿Qué, maldita sea, es Digital Pop? Definitivamente Armchair Apocrypha, de Andrew Bird, el que podría decir fue el mejor álbum del 2007, no tiene nada de digital ni electrónico sino tal vez todo lo contrario, ¿entonces que tiene esta música de entre la música que ahora me gusta de Digital Pop? Interesante pregunta.
La historia de Digital Pop, empieza hace 25 años y tiene más que ver con hábitos y métodos que con la música misma, aunque tal vez no.
De chico mis experiencias con la música han sido tal vez de las más gratificantes y memorables para mi. Nunca como un performer, siempre como un apreciador, la música la descubrí en los cajones de mis hermanos mayores, en forma de cassette tapes y 8-track, algunos sin nombre y algunos otros con nombres que no podía pronunciar. Así descubrí a Van Halen, David Lee Roth, Alice Cooper, John Cougar, Iron Maiden, Pink Floyd y hasta The Smiths muchos años después. El estero de mis hermanos mayores era un monolito inescrutable que tuve que aprender a manejar sin guía, ya que obviamente representaba terreno prohibido para un niño como yo, sin embargo logre entender las funciones de todas esas perillas y a disfrutar del movimiento de aquella aguja que medía los decibeles con tanta felicidad.
Igualmente importante en mi “desarrollo musical” temprano fueron aquellas noches en las que me introducía ilegalmente en el cuarto de mis hermanos mientras ellos pasaban tiempos con sus novias, yo a mis ocho años me pegaba a la tele a ver videos musicales en el programa Night Tracks que pasaban por el canal Superstation WTBS. Como era de imaginarse junto a la actividad de disfrutar de la música se le añadían un par de sentimientos (no se si esa sea la palabra) que probablemente son poco común relacionarlos con esa práctica: la sensación de estar haciendo algo indebido o prohibido y la experiencia del descubrimiento. Está de más tal vez decir que desde entonces el escuchar música es para mi es algo que permanece siendo tremendamente personal, casi intimo. Había poco de que hablar con mis compañeros de escuela respecto a estas cosas, ¿qué tantos niños de primaria conocían en ese entonces Dark Side of the Moon o gustaban de montar una motocicleta en medio del desierto escuchando Seventh Son of a Seventh Son? Después me di cuenta que más de los que pensé.
Si los primeros años de mi vida la música fue un descubrimiento, mi pubertad fue marcada por horas y horas de MTV, en ese entonces MTV si era sobre música y videos. Por los días tenía dosis completas de música en la tele y por las noches dosis bien administradas de más música con mis audífonos. Fue en ese entonces cuando empezaba a procurarme mi propia música, comprando cassettes con cualquier dinero que podía tener intercalando sesiones de video juegos y visitas a las tiendas de discos en mis salidas. A pesar de que ahora mi universo musical estaba más controlado y por lo tanto limitado por MTV, nunca dejé de buscar cosas nuevas y compraba cassettes por intuición, interés o simplemente por coincidencia. Hay que recordar que en esos tiempos era prácticamente un delito pedir que abrieran una cinta para escuchar el contenido antes de comprarlo, eso ni pensarlo. De este modo llegué a conocer muchas cosas, bastante interesantes, algunas que aún siguen gustándome mucho; Rush, Pixies, Yngwie Malmsteen, Love and Rockets, son algunos de los que llegué a conocer de esta manera. De cualquier modo, MTV daba la pauta y yo sólo buscaba las raíces musicales de lo que me gustaba escuchar.
En ese entonces la experiencia musical se convirtió en algo más social, a veces dolorosamente social; me encontré con los animales tan diversos del mundo de la apreciación musical.
Encontré a los metaleros, a los darkies, a los glam rockeros, pero todos esos son fáciles de identificar, es sólo seguir la pista del género que prefieren sobre cualquier otro. Los animales más peligrosos son los que normalmente no presentan sus características particulares a flor de piel, hace falta inspección más detenida. Tal vez sería mejor tema para otro artículo pero la influencia de estos personajes en mi vida ha sido determinante.
El más inofensivo y ubicuito de todos pero el más pestilente es el zombie. El zombie escucha cualquier cosa siempre y cuando cumpla con la mayoría de los siguientes requisitos: se escuche en la radio, a mucha gente le guste, sea pegajosa, haya algún antro a donde pueda ir para seguir disfrutando de esa música. Si bien se puede incluir dentro de esta especie a todos los amantes del reggaeton (como quiera que se escriba), también podría incluir a toneladas de personas que están súper clavados con el nuevo garage pop de Inglaterra y que en mis tiempos podrían haber sido fans de Motley Crue, Guns and Roses y Poison. Podría llamarles borregos, pero zombies es más adecuado.
De ahí sigue el connoiseur. El connoiseur puede llegar a ser entretenido, porque en su afán de crearse un estatus de conocedor llega a amasar grandes cantidades de información relevante e irrelevante sobre la música que escucha; información que en ciertas situaciones sociales sirve perfectamente para rellenar vacíos en la conversación. Este animal regularmente sabe tocar un instrumento ya que tomó clases en algún momento de su vida pero nunca ha formado una banda decente o se ha ganado la vida tocando dicho instrumento. De las características más marcadas que pueden ayudarnos a distinguir a este tipo de individuos está el hecho que por lo general se centran en un solo género musical y este género requiere, por diseño, de que los ejecutantes posean de dotes musicales probados y de una gran destreza. Dentro de estos géneros caen el jazz, el rock progresivo, ni se diga de la música clásica, y algunos subgéneros del heavy metal. El mantenerse dentro de un género musical de este tipo les garantiza dos cosas: que prácticamente cualquier banda que se desarrolle en ese género es compuesta y ejecutada por músicos talentosos y que por lo tanto el producto terminado será de mayor calidad, y a la vez la especialización en un género permite mayor profundidad de conocimientos y por ende mayor posibilidad de conocer más del tema que cualquier interlocutor común. El connoisseur es normalmente un purista y no se cansa de especificar que la única manera “oficial” de crear música es con las manos y boca, golpeando, estirando o soplando en algún instrumento, y que entre más difícil sea este instrumento de controlar, mayor el mérito musical. Por estas razones, un connoisseur rara vez se aventura a escuchar géneros nuevos, a experimentar con música bailable y termina siendo una persona exasperante y aburrida.
Una subespecie del connoisseur pero que tal vez sea más detestable es el avant garder, que se asemeja al connoisseur en todo exceptuando al género. El avant garder se enfoca principalmente en música concreta, música experimental, y cualquier trabajo musical que presente alguna clase de mezcla entre géneros o busque un objetivo más allá del desarrollo musical (i.e. música micro tonal, extrapolaciones étnicas hacia el jazz/rock/etc). Esta especialización de género le permite al avant garder pavonearse de las mismas cualidades del connoisseur pero sin realmente escuchar, apreciar o saber de música, ya que: ¿es arte no?
De ahí sigue el neofílico. El neofílico se parece al connoisseur en sus conocimientos enciclopédicos de la música con una pequeña grán diferencia: el neofílico siempre está escuchando algo nuevo. Este individuo puede llegar a escuchar más de seis bandas o músicos nuevos por día y siempre tiene algo nuevo que enseñarte. Por su propio ritmo el neofílico rara vez se queda con un mismo estilo, género o grupo por mucho tiempo y perpetúa su sentimiento de vacío musical que lo lleva a buscar algo nuevo otra vez para saciar su apetito. Este tipo de animal musical es de lo más llevadero y es buena fuente de nuevos descubrimientos siempre y cuando estés dispuesto a oírle recitar una lista de nuevos releases cada vez que te lo topes.
El músico. El músico es de los más relajados animales musicales ya que la seguridad que le brinda el vivir de su más grande amor le da las tablas para casi cualquier conversación o situación que involucre a la música. Acostumbrados a ser los únicos músicos en las reuniones pocas veces han tenido que defender su postura ante los demás, ya que tienen la más grande autoridad para hablar sobre el tema, sólo con otros músicos pueden llegar a tener fricciones y sólo cuando estos son músicos amateurs ya que entre profesionales el código es más sencillo, evitar complicaciones con colegas siempre es mejor. He visto a músicos conviviendo con otros músicos, cuando se saben que están entre iguales, se comportan muy diferente y hasta se llegan a ver como personas normales.
Después de el gran rodeo para explorar la fauna musical me regreso al tema central. No es muy difícil reconocer que el mercado y el mundo de la música ha cambiado. Después de haber controlado todos los aspectos de la industria musical durante los 80s y 90s las compañías disqueras se están muriendo. Si antes escuchaba música porque el video era interesante y salía en MTV cada momento ahora lo que se toca en MTV o en la radio tiene mucho menos que ver con lo que la gente escucha que antes.
Tengo que comentar que si me salté los períodos electrónicos de los noventas es porque en algún momento a principios de la década pasada, me despegué del mainstream para tal vez nunca regresar por completo y mis incursiones al mundo sonoro tienen menos que ver con modas prefabricadas y más con mi personalidad y autonomía, el mainstream seguía ahí, en el fondo, generando ese ruido incómodo. El mainstream se ve fluir como los géneros del momento, grunge, techno, neo-punk, garage, etc. Ahora no hay un solo género que arrolle a los demás, lo que domina es la multitud. Las compañías disqueras han perdido la guerra al ver su proceso de producción que antes era tan controlado, con insumos claramente posicionados en su propia mezcla de mercadotecnia única, arrojaba buenos dividendos. Ya no hay certidumbre al elegir una banda nueva, no hay un solo tipo de consumidor, hay miles; eso no puede garantizar ganancias. Por otro lado la gente deja de comprar discos, los cuales siguen estando caros, más caros que lo que se percibe como necesario. El consumidor manda un mensaje a la industria al preferir una copia pirata a el original.
El error de estos comerciantes es pensar que los consumidores son criminales al comprar ilegalmente sus productos; no, el consumidor siempre preferirá comprar un original a una copia, es parte de la naturaleza del mismo consumidor, sin embargo nunca comprará un original que cueste más de lo que el valor percibido del producto dicta.
Si, la música es primordial para la humanidad, esencial para mi inclusive, sin embargo hemos vivido con música tantos años que la misma se ha democratizado. Ya no estamos en los tiempos que un solo fulano era quien tenía el tiempo, dedicación y agallas para acercarse a un micrófono a grabar sus canciones. Ahora cualquiera con cinco mil pesos en la bolsa puede grabar una canción y hacer que esta llegue a miles de personas, cualquiera puede ser un productor, la producción musical jamás había sido tan extensa en la historia de la humanidad. Entonces, ¿por qué seguir cobrando lo mismo por la música cuando la música realmente ha bajado de precio? Esta no es un lujo y privilegio de pocos, la música es de todos.
Hay quienes ven con malos ojos estos sucesos, principalmente algunos de los animales que caen dentro de las categorías anteriores. Probablemente sea porque su vida está cambiando por esto y no es un cambio que consideren favorable. “¡Hay más basura!”, “¡Uno no puede vivir de esto!”,”¡Sólo los grandes músicos deben de hacer música!”
Puede que todos estos sean argumentos válidos pero ahora la música es diferente, probablemente haya ya sólo un género, la música Digital Pop. Digital no por el estilo sino porque es el medio que prevalece. Medio de producción, distribución, almacenamiento y reproducción. Hay música que solo es análoga hasta su reproducción en una bocina y se convierte en impulsos de aire. Y es Pop no por que sea popular en el sentido de que a todo mundo le guste, sino es popular en el sentido de que es del pueblo, de las masas, de la gente, en el sentido más comunista del término.
El año pasado fue trascendental por todo lo que pasó, pero en lo que a la música se refiere, por lo que ha dejado de pasar. Por primera vez en 20 años, el número de discos que llegué a comprar en el año puede ser contado con una mano: 4. Compré dos discos de Coltrane y dos de Pink Floyd, más que nada porque deben de estar en mi discoteca y son difíciles de encontrar en línea. Eso no quiere decir que me haya dejado de gustar la música, al contrario, he descubierto música bastante enriquecedora como de la que escribía en un principio y a la que debo de agregar a Stars, que con su disco In Your Bedrooom Afer the War (que coincidentalmente fue primero puesto a la venta por medios digitales que en formato de disco) me hizo pasar muy buenos ratos. Compro mi música principalmente en línea y al menor precio que pueda conseguir. La diferencia principal es que ahora mi modo de descubrir la música se parece mucho a como lo hacía cuando tenía menos de diez años, a mi paso, en la intimidad, y escuchando lo que otras personas están escuchando en su intimidad, sin que ellas se enteren de cómo ahora están influyendo en mi vida.

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