A regañadientes y por petición de mis hijos me puse a ver la entrega de los Grammys de este año una media hora después del arranque. Pues mientras nosotros, en un «pequeño» (pero grandioso) programa independiente de radio, decidíamos por Porcupine Tree y su Fear Of A Blank Planet como album del pasado año, tarea por demás difícil entre lo que llegamos a escuchar, entendiendo que estamos bastante enfocados en la música independiente, en la «academia» de la música norteamericana, cuyo show ya cumple 50 años se dedicaba a reconocer varios aspectos de la música (verifica aquí todas las categorías, 110 en 31 áreas), incluyendo los técnicos, por las que Wilson y los Porcs son finalmente integrados (sin saber si eso es bueno), aunque la categoría (producción surround) la ganó el Love de The Beatles a cargo de los Martin y que -sin tener todavía la version 5.1 del FOABP– puedo decir que el ganador tiene un mérito por la impecabilidad del disco.
Y es que hay que entenderlo, el premio es para la música de los Estados Unidos, con pocas excepciones, entre ellas, el «best record» para Amy Winehouse, que no pudo asistir por habérsele negado la visa y lo hizo todo en forma remota. Y la academia de una u otra forma representa una industria que está sufriendo -si logra entenderlo- profundos cambios en varios ámbitos.
Lo que hace la academia ha sido cuestionado SIEMPRE (¡Vaya, hasta tienen más credibilidad los premios Oscar!a), éste último año quizá con más vigor que en otras ocasiones: basta leer varios sitios independientes y respetados en Internet. La mercadotecnia y la falta de difusión de música fuera de los afiliados a la industria, sin embargo, los hace reconocidísimos y los convierte para muchos en «el premio más importante a la música». En cuanto a premios, prefiero los Brit Awards o los Mercury Prizes que lo que hace la «academia» norteamericana.
Hay varias cosas en las que no coincidiríamos con el punto de vista de la «academia» sin embargo, ver la categoría Alternative con Arcade Fire, Björk, The Shins y el ganador The White Stripes fué bueno (aunque sigo sin saber qué %$#!! hace Lily Allen en la categoría… ¿Será que no la suppieron poner an algún otro lado donde hiciese menos daño?).
Ver la mezcla entre el rap, el country, el jazz-pop y el rock-americana para elegir el álbum del año que se lleva un Herbie Hancock que se atrevió a hacer cosas interesantes con su disco River: The Joni Letters se antoja también difícil. Si nosotros redujimos lo que debíamos escoger a géneros si bien no cercanos, tampoco tan dispares, el Grammy se fué definitivamente hacia un lugar como mínimo bizarro.
Quizá debamos centrarnos en las coincidencias para ser positivos, pero creo que de fondo la búsqueda del éxito económico sobre el artístico habla de la dificultad para reconciliar intereses entre lo que se premia y reconoce y lo que escuchamos en este rincón del «underground» independiente, que cada vez es menos «under».
Como ejemplo de lo anterior, lean el post del Grillo (Quejidos y más quejidos) un par de entradas antes de ésta) y vean lo que Grammy ha estado haciendo últimamente para «concientizarnos» y darnos el punto de vista de -según dicen- 17,000 miembros de la industria hacia los fans de la música (que dicha industria se encargó de convertir en consumidores y que ahora son varios cientos de millones): el sitio What’s The Download. Luego platicaremos de lo que podría sí convertirse en un cambio. Es asunto de otro post.

Replica a Serguei Cancelar la respuesta